sábado, 23 de octubre de 2010

Un esclavo en completa libertad

Lee Gálatas 5:13-22

Gálatas tiene posiblemente el lenguaje mas duro que Pablo haya usado, ya que el veía un peligro que podía destruir la fe de la iglesia. Pero también trae algunas de las palabras más conocidas y consoladoras del apóstol. Un tema especial que nos comparte es el de estar firmes en la libertad.
¿Qué hacer con la libertad?
Enfatizar la libertad, en lugar de las reglas, nos pone en una situación vulnerable.
¿Podría el énfasis en la libertad, provocar una conducta poco moral? Entonces nos preguntaríamos la razón por la cual Cristo nos hizo libres, ¿para facilitarnos una vida pecadora? Por supuesto que no. Cristo nos libró de tener que preocuparnos acerca de si estamos “haciendo lo suficiente” para complacer a Dios, y de seguir inútilmente formalismos superficiales.
Pablo no entendía cómo un ser humano podía arriesgar deliberadamente su salvación basándola en sus propias obras, en vez de en la misericordiosa gracia de Cristo. Él es quien nos salva, no nosotros a nosotros mismos: esa es la diferencia entre la libertad y la esclavitud. Pero tenemos que usar la libertad para servirnos unos a otros en amor y para vivir una vida llena del Espíritu. (V. 13-15). 
¿Cómo usas la libertad que Cristo te ha dado?
La libertad en Cristo no significa que tengamos licencia para seguir pecando. Pablo nunca cesa de recalcar la importancia de esto. Los que siguen los deseos de la carne no pueden ser salvos (v. 16-21). "Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne [el ahínco por satisfacer las pasiones sensuales], los deseos de los ojos [anhelos egoístas de la mente], y la vanagloria de la vida [la confianza en sus propios recursos o en la estabilidad de las cosas terrenales], no proviene del Padre, sino del mundo" (1 Juan 2:16).
No debemos ser esclavos de los deseos de la carne sino “esclavos” de Cristo pues significa ser libertados para Dios (1 corintios 7:22).
Algunos de los esclavos en el primer siglo en el Nuevo Testamento eran tratados como amigos en quienes se depositaba la confianza, amando ellos realmente a sus amos y sirviéndoles fielmente, esta es la referencia de los verdaderos creyentes en relación a Cristo. Cristo es nuestro dueño y nosotros sus esclavos.
Como seguidores de Cristo creemos en la libertad, pero sin duda “en una libertad con que Cristo nos hizo libres”.
Una libertad que muere en el mismo instante en que nos olvidamos de que nos fue dada para presentar al Príncipe de esa libertad: Cristo Jesús.
No es la libertad que se refugia en el concepto, para destruir. La libertad que Cristo nos ha dado es para ser esclavos por amor.
¿Todavía te sientes esclavo de la carne y no de Cristo?

Reflexiona

¿Cómo debes  corresponder a la libertad que Cristo te ha dado?
¿De qué manera puedes compartir la libertad con los demás?
¿Qué áreas de tu vida necesitan una verdadera libertad en Cristo?

Oremos
Para que no seamos esclavos de la carne  ya que los que ahora son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos (Gálatas 5:24)

No hay comentarios:

Publicar un comentario