jueves, 16 de junio de 2011

La sabiduría o la necedad.

Lee Eclesiastés 2. 12-26
La opinión de que Eclesiastés es un libro pesimista y escéptico es totalmente equivocada. No es ni un estilo de un doliente quien se ha retirado del mundo. Sino es la meditación de aquel hombre quien ha experimentado con todo lo que quiere hacer el hombre (2:10-11), y así hallar el significado y la satisfacción de la vida.

¿Por qué crees que el libro de Eclesiastés se puede interpretar como algo muy negativo y pesimista?

v. 10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. v. 11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.
Salomón no se resigna al ateísmo, ni el agnosticismo, ni el escepticismo, ni anduvo con una “fe ciega”, en lugar de Dios. Más bien, retenía firmemente el sentido que el temor de Dios es el deber más fuerte del hombre (12:13) y el aseguramiento de la verdadera prosperidad del hombre (2:24-26). El escritor no menosprecia el mundo en sí ni todos los dones divinos que hay en él. Más bien, insistía en que el gozo más grande que hay en cuanto a la vida viene dentro de los límites de este temor de Dios.

Después de afirmar que ni la sabiduría ni el desvarío pueden darle al hombre la felicidad, Salomón hace ahora una comparación entre la cordura y la necedad.

v. 12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho.
Se habla de la sabiduría, los desvaríos y la necedad. El resto de dicho versículo es difícil de traducir literalmente, pero el sentido claro sería: ¿qué provecho sacará alguien en repetir mi experiencia? ¡Ninguno! Le volverá a suceder algo parecido, pero no mejora.

Pero después de todo, es preferible ser cuerdo a ser necio (v. 13), pues el sabio, prudente, cuerdo, tiene sus ojos en la frente (v. 14), es decir, ve lo que tiene delante y sabe cómo alcanzar sus objetivos por la ruta más directa, mientras que el necio va a ciegas por el camino de la vida.

Sin embargo, en las cosas más importantes que buscaba, vio que el sabio le lleva poca ventaja al necio, pues ninguno de ellos puede alcanzar la felicidad en las cosas de este mundo y, lo que es peor, tanto el sabio como el necio acaban de la misma forma. Las mismas enfermedades aquejan a uno y a otro, la misma espada puede acabar con la vida del uno y del otro (vv. 14b, 15). Ambos son olvidados después de haber pasado a una misma muerte (v. 16). Son los nombres de los justos, no los de los sabios, los que están escritos para siempre en el cielo, donde brillarán como estrellas. Así que hay una tremenda diferencia entre la muerte de un justo y la de un malvado, pero no entre la de un sabio y la de un necio.

Salomón llegó a aborrecer, no sólo todo el trabajo (v. 18) que se había tomado, sino su misma vida (v. 17). Este aborrecimiento era una especie de fastidio natural de las cosas, surgido de la decepción que su disfrute le ha causado. La desilusión que las cosas de este mundo nos producen debería conducirnos a la esperanza que no avergüenza.

Romanos 5.5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
Dos cosas le habían hecho concebir tal aborrecimiento: (A) El trabajo que había tomado muy en serio le resultaba fastidioso (v. 17). (B) Veía en él una ocupación penosa y sin provecho (vv. 22-23).
Por lo tanto lo mejor que se puede hacer, pues, con las riquezas de este mundo es usarlas con alegría y hacer el bien con ellas.
¿Cómo administras las riquezas que Dios ha puesto en tus manos?
¿Qué conclusión hace el predicador para el hombre que hace el bien y agrada a Dios?
v. 26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; más al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
La Biblia lo reafirma en Filipenses 4. 6-7: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Reflexiona:
Hay momentos en los que nuestro necio proceder nos separa de las bendiciones de Dios, ¿Cómo está tu vida delante de Él? ¿Deseas que Dios te dirija y sea el motor que conduzca tu vida?
Oremos:

·         Para que Dios nos permita actuar de manera sabia y prudente ante las diferentes circunstancias de la vida.

·         Para que por nada estemos afanosos, sino confiemos en la sabiduría de Dios nuestro proveedor.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mateo 6.33

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