lunes, 15 de noviembre de 2010

El rescate


Hace algunos días, a través de las noticias, nos enteramos de una tragedia que, en muchas partes del mundo, hizo eco: la noticia de un grupo de 33 mineros chilenos que se encontraban atrapados a unos 700 metros en la profundidad de la tierra en la mina San José de Atacama. Se puede comparar esta experiencia a la que muchos de nosotros hemos vivido:
Estaban aparentemente sin esperanza a 700 metros en la profundidad de la tierra.
Nosotros al igual que los mineros estábamos sin esperanza.

Efesios 2:1-3 nos dice:
1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
Hubo alguien que se preocupó por rescatarlos, en este caso fue el gobierno de Chile. En nuestro caso, fue Dios, quien nos amó y se preocupó por rescatarnos. (Juan 3:16) (Lucas 19:10) (Romanos 5:8)

Efesios 2:4-6 dice: Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo [por gracia sois salvos], y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

Se hicieron los preparativos, equipo sofisticado, maquinaria especializada para el día en que los mineros fueron rescatados.
Así mismo en el Cielo hubo una búsqueda de aquel que pudiera redimirnos, siendo Jesucristo el único capaz de hacerlo y de demostrar su amor por nosotros, no escatimando el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. (Filipenses 2:5-11)

Gálatas 4:4 nos dice: Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, 4:5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

Los mineros tuvieron un recibimiento bien organizado, con lágrimas que a todos nos impresionó. Al igual que este recibimiento, en el cielo hay alegría cuando un pecador se arrepiente (Lucas 15:10) y cuando lleguemos a la presencia de Dios, Él nos amará eternamente (Apocalipsis 21:4).

La vida de los 33 mineros será diferente, pues ahora van a valorar lo que no tuvieron durante ese encierro, y se espera que vivan agradecidos por el rescate.
Al igual que los mineros, nosotros fuimos rescatados a un precio de Sangre, la de nuestro Señor Jesucristo, y debemos de agradecerle todos los días con nuestras acciones y con un estilo de vida agradable a Dios y digno de nuestro llamado.

"para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.

Oremos:
Dando gracias a Dios por su gran amor al enviar a Jesús para rescatarnos.
Para que cada área de nuestra vida sea agradable y digna ante los ojos de Dios.

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